CASO: ORIGEN Y
CONCEPTO DEL DESARROLLO SUSTENTABLE
Autores: Tania Fonseca, Nathalie Prado, Jeroen
Bollen
Adquirir
conocimiento sobre
el origen y evolución del desarrollo sustentable desde sus inicios conceptuales
hasta su práctica en el presente, analizando las convenciones y declaraciones a
nivel mundial y latinoamericano desde finales de los años sesenta hasta el
nuevo milenio.
Orígenes
En América Latina, desde antaño el concepto del desarrollo ha estado basado
en una teoría utilitarista[1].
Significa que la utilización de los recursos naturales solamente se enfocaba en
usarlos al máximo, sin importar si eran limitados o no, y sin importar el
posible daño que podía provocar la utilización de estos recursos en el medio
ambiente. Además de utilitarista, el enfoque era antropocéntrico, es decir que
el medio ambiente se consideraba en función del ser humano, no como una
relación equitativa entre el ser humano, la flora, la fauna, etc.[2]
Este concepto utilitarista del desarrollo ha sido el enfoque vigente,
incluso hasta hace pocas décadas. No fue hasta principios de los años 70 que
empezó a nacer una idea que se desarrolló y convirtió en el concepto que hoy
día conocemos como desarrollo sustentable. En 1972 se emitió la “Declaración de
Estocolmo”, que incluyó toda una parte sobre los problemas ambientales y la
protección del medio ambiente, no solamente para la generación de hoy, sino
también para las futuras. Si bien todavía tenía un enfoque antropocéntrico, al
mismo tiempo llamaba a la responsabilidad de las personas, como sujetos capaces
de generar cambios[3].
Estrategia Mundial de la
Conservación
Una década después se publicó la “Estrategia Mundial de la
Conservación”. Aunque no era un documento elaborado por organismos
internacionales, ni tampoco contenía compromisos para los Estados que podían
conducir a un mejor manejo del medio ambiente, era uno de los primeros
documentos que enumeraba varios de los temas relacionados con el desarrollo sustentable.
Además, mencionaba específicamente que el desarrollo sustentable es un asunto
de la sociedad, de la humanidad, no de los individuos, lo cual fue uno de los
primeros llamados de atención para la integración en vez de la separación.
Nuestro Futuro Común
Ya con la publicación del informe “Nuestro Futuro Común” en 1987 -más
conocido como el Informe Brundtland por la presidenta de la Comisión Mundial de
Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas- se elaboró con más detalle
y precisión el concepto del desarrollo sustentable. Al mismo tiempo, el tema
cambió de ámbito: ya no solamente eran académicos quienes se ocupaban del tema,
sino que cada vez más sectores de la sociedad se involucraban con el tema,
notoriamente algunos gobiernos y entidades de la sociedad civil. Sus objetivos
principales eran la introducción del multilateralismo en el tema del desarrollo
sostenible, como también la interdependencia de las naciones. Buscaba discutir
sobre el medio ambiente y el desarrollo como un solo tema integral.
El documento menciona temas tan comunes hoy en día, aunque no tan conocidos
en aquel entonces, formulando la necesidad de conservar el medio ambiente, así
como también la urgencia del cambio de pensamiento a nivel político e
institucional de los gobiernos sin excluir el problema del crecimiento poblacional
y la inequidad social, haciendo un importante llamado a “aquellos más
favorecidos para que adopten formas de vida más ecológicas“[4].
El reporte de la Comisión
Brundtland reconocía que el desarrollo del ser humano en la forma de la
reducción de la pobreza, la equidad de género y la redistribución de riqueza era
crucial para formular estrategias de conservación ambiental. Además, la
Comisión también consideraba que en las sociedades industrializadas y en vías
de desarrollo existían limitaciones ambientales al crecimiento económico.
La publicación del informe
constituyó la base para la Declaración de
Río y otros eventos y documentos.
Una definición muy citada que da el
reporte de desarrollo sostenible es el “desarrollo que [satisface] las
necesidades del presente, sin comprometer las posibilidades de futuras
generaciones para satisfacer sus propias necesidades”[5].
Cuidar La Tierra y Declaración de Río
El informe Brundtland y otros
documentos llevaron en 1991 a la elaboración de un documento llamado “Cuidar la
Tierra”. El documento pone en el centro del problema los aspectos éticos en un
papel protagónico, ya que “lo que la gente hace depende de lo que la gente
cree”[6].
Por primera vez se abandona la posición antropocéntrica y se reposiciona al ser
humano como una parte de la comunidad de la vida, junto a las demás especies
vivientes. Esto no quiere decir que se desconozcan ciertos derechos
fundamentales del ser humano, sino que simplemente trata de cambiar el enfoque
del desarrollo a uno incluyente, equitativo y con respeto hacia todo el medio
ambiente, independientemente de su valor para el ser humano[7].
El
pensamiento novedoso de “Cuidar la Tierra” aún no es reflejado en la
“Declaración de Río” del año 1992. Ese documento firmado por los gobiernos
participantes en la cumbre de Río de Janeiro, aún se centra en la postura
tradicional respecto al desarrollo y el ambiente. Sin embargo, menciona la
necesidad de involucrar a los jóvenes, mujeres y pueblos originarios en la
conservación del medio ambiente.
Carta de la Tierra y Manifiesto por la Vida
Casi una
década más tarde nacen dos documentos importantes: la “Carta de la Tierra” y el
“Manifiesto por la Vida”. El primero no es un compromiso entre gobiernos, sino
un manifiesto elaborado por instituciones e individuos. Propone “una sociedad
global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos
humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”[8].
La Carta de la Tierra propone cuatro principios básicos: Respetar la tierra y
la vida en toda su diversidad; cuidar la comunidad de la vida con
entendimiento, compasión y amor; construir sociedades democráticas que sean justas,
participativas, sostenibles y pacíficas; y asegurar que los frutos y la belleza
de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras[9].
La Carta de la Tierra muestra una visión utópica y poética del desarrollo
sustentable. Sin embargo, muchas de sus propuestas se han adoptado hoy en día,
conforme la consciencia individual se va integrando con la consciencia
colectiva.
El segundo
documento, el Manifiesto por la Vida, habla sobre la visión mecanicista del
mundo y critica los conceptos de la misma, pues según el Manifiesto lo que se
busca es la armonización del proceso económico en su totalidad con la
conservación. Sobresale principalmente el concepto de sustentabilidad, que se fundamenta
en el reconocimiento de los límites y potencialidades de la naturaleza y la
complejidad ambiental, sugiriendo un cambio radical de orientación en los
conceptos del potencial de la ciencia y la tecnología, los cuales deberían
basarse en la ética de la sustentabilidad[10].
El Manifiesto
por la Vida habla del tema “pensar globalmente y actuar localmente”[11]
que no es más que la consciencia individual de los gobiernos de cada país
analizada desde un punto de vista mundial. El documento sugiere un nuevo estado
de consciencia sobre los distintos modos
de vida, tomando en cuenta la responsabilidad y consecuencia de cada acción
realizada. El Manifiesto por la Vida habla por primera vez de la “Ética para la
sustentabilidad” y cómo ésta es radical en su propio concepto pues va hasta las
raíces de la crisis, removiendo los cimientos filosóficos, culturales,
políticos y sociales de la humanidad[12].
Declaración del Milenio
En el año
2000 se generó un documento importante llamado “Declaración del Milenio” por
parte del sistema de las Naciones Unidas, el cual contiene los Objetivos del
Milenio. Si bien el documento es muy amplio, refiriéndose a muchos aspectos del
desarrollo, también contiene elementos claves para la sostenibilidad, como el
respeto a la naturaleza y la responsabilidad común.
Desarrollo sostenible en América Latina
A pesar de
que la discusión acerca de que el desarrollo se ha alejado del enfoque
utilitarista y antropocéntrico, la mayoría de los países de América Latina aún
se enfocan en un concepto de desarrollo desde el punto de vista puramente
económico, con poca atención a temas sociales y ambientales. Aunque se ha
podido concluir que estos modelos de desarrollo no son exitosos ni sostenibles,
las instituciones supranacionales como el Fondo Monetario Internacional y el
Banco Mundial, con sus conceptos netamente económicos de desarrollo, tienen más
peso que otras instituciones como el mismo sistema de las Naciones Unidas, que
tienen una visión más integral y equitativa.
Asimismo,
muchos de los problemas sociales se discuten solamente en la medida que afectan
a la sustentabilidad ecológica y los problemas ecológicos se discuten en la
medida que afecten a la sustentabilidad económica y social. La contradicción
constante entre el discurso y la práctica y el círculo vicioso en cuanto al
problema de la sustentabilidad, han marcado de manera profunda los tres pilares
más importantes del mundo actual: la sociedad, el sistema económico y la
conservación de la naturaleza.
En las
últimas Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno los países han
empezado a discutir el tema del desarrollo sostenible y se han visto en la
necesidad de pensar en nuevos modelos de desarrollo. A partir de la XIII Cumbre
en 2003 los países expresaron que el crecimiento económico es necesario para
promover una mejor calidad de vida para sus habitantes, pero no es suficiente.
Es más, expresaron que los modelos de desarrollo tradicionales, con sus
reformas económicas estructurales, en muchos casos han tenido el efecto
contrario a lo deseado, profundizando la pobreza, el desempleo y la
desigualdad. Desafortunadamente, en las declaraciones emanadas de las Cumbres,
no hay obligaciones vinculantes que suponen un cambio real en la postura de los
gobiernos en cuanto a la creación de un modelo de desarrollo sustentable.
CONCLUSIONES
El desarrollo sustentable ha sido un tema de discusión durante las
últimas cuatro décadas. Para analizar la evolución del pensamiento, es preciso
evaluar documentos como los mencionados anteriormente, que demarcan de forma
clara y detallada la historia hasta nuestros días a nivel de discusiones en
diferentes cumbres, simposios, entre otros, en todo el mundo. En el transcurso
del desarrollo del concepto en estos documentos se ha ido mostrando que las actividades económicas productivas
no pueden estar enfocadas única y exclusivamente en utilizar los recursos a
disposición, sino que también es imprescindible tomar acciones de conservación,
restauración, redistribución, etc. para que el desarrollo sea sostenible, no
solamente para el día de hoy, sino también para futuras generaciones.
Queda muy claro que la integración de la sociedad con el medio
ambiente, guiado en gran parte por los gobiernos de cada país, es la pauta que
marcará el destino del planeta tierra y sus futuras generaciones. No obstante,
también está claro que muchas gobiernos, específicamente América Latina aún no
han querido vincularse totalmente a este nuevo concepto de desarrollo
sostenible, probablemente porque en muchos casos los gobiernos aún representan
fuertemente los actores del modelo tradicional utilitarista y antropocéntrico.
El logro de
los objetivos de la sustentabilidad dependen de una buena gestión social,
política, económica, tecnológica y científica, así como por supuesto ambiental,
aunque también deben basarse en una preocupación sobre los valores éticos de
todos los actores involucrados.
Foladori, Guillermo (2002), Avances y límites de la sustentabilidad
social, Economía, Sociedad y Territorio,
vol. III, núm. 12,
Columbia University, Estados Unidos de América, pp. 621-637.
Naciones Unidas, (1992), Declaración
de Río sobre el medio ambiente y el desarrollo,
Departamento de
Asuntos Sociales y Económicos, Río de Janeiro, Brasil.
United Nations (1987), Our common future. From one earth to one
world, World
Commission
on Environment and Development, Geneva, Switzerland.
Zahedi, Kaveh y Gudynas, Eduardo (2008), Ética y desarrollo
sostenible. América Latina frente al debate
internacional, Reflexiones sobre la ética y la cooperación internacional para el
desarrollo: Los
retos del Siglo XXI,
Instituto Mora, México D.F., México, pp. 273-292.
_____ (2000), Carta de la Tierra, Earth Charter
Commision.
_____ (2003), Manifiesto por la
vida: Por una ética para la sustentabilidad, PNUMA, México D.F., México,
Red de Formación
Ambiental para América Latina y el Caribe.
[2] Ibid, p. 278
[3] Ibid, p. 278
[5] United Nations, Our common
future, 1987, p. 7 (Traducción del autor)
[6] Zahedi, Kaveh, Ética y desarrollo sostenible, 2008, p.
279
[7] Ibid, p. 279
[8] _____, Carta de la Tierra, p. 1
[9] Ibid, p. 2
[10] _____, Manifiesto por la Vida, 2003, p. 1
[11] Ibid, p. 2
[12] Ibid, p. 1